Es el creador de Bleep Bloop y A Place for the Unwilling y actualmente trabaja con una beca en un proyecto propio.

Una de las leyes no escritas del desarrollo de videojuegos español actual es que la posibilidad de encontrarse a Luis Ludipe Díaz Peralta en un evento de videojuegos es directamente proporcional al carácter indie de dicho evento. Hace unas semanas otro desarrollador al que le gustan los juegos de autor, Jacob Jazz, respondió a la pregunta común a todos los entrevistados sobre qué historia quieren que demos a conocer: “a Ludipe, porque cada vez que tengo una duda de la industria le pregunto y sabe mucho”, y es una buena forma de definirle, porque Díaz Peralta está al tanto de la creación de videojuegos más experimental e independiente y de encuentros de desarrolladores en España y fuera del país y es miembro de la Junta de DEV (Desarrollo Español de Videojuegos), la asociación que agrupa a buena parte de los estudios de videojuegos españoles.

Aunque algunos de sus juegos han salido en consola, el PC es su plataforma preferida, quizás porque en casa de sus padres siempre se jugó a ordenador, “de consola lo único que teníamos era una Game Boy de las primeras. La primera consola que he tenido ha sido una Switch”, nos dice en una videollamada, y sus padres tampoco eran especialmente aficionados a los videojuegos, aunque sí jugó a algún MMORPG como Guild Wars y de pequeño le fascinaba ver a sus primos más mayores jugar a títulos demasiado complejos para un niño como Civilization. Lo que sí le gustaba era trastear, “me gustaba escribir y tenía blogs, intenté instalar Linux en el ordenador… con unos 15 años intentó crear un juego con RPG Maker y dices ‘voy a intentar hacer Skyrim’ y te frustras a los dos días porque es muy complicado”, recuerda.

Construct como motor para aprender a crear juegos

De esa experiencia afirma que se dio cuenta de que dibujar no se le daba bien y no le gustaba programar pero sí le atraía la idea de crear videojuegos y se le despertó el interés por conocer juegos más pequeños y con unos 20 años, cuando estudiaba Matemáticas, decidió aprender Construct, un motor optimizado para juegos 2D en webs y con programación visual. Apenas había empezado cuando participó en su primera Ludum Dare (la game jam online más conocida que se celebra durante un fin de semana actualmente dos veces al año) y ya no hubo vuelta atrás, hasta el punto de que, con el tiempo, decidió que el diseño iba a ser su profesión -los diseñadores de videojuegos proceden de formaciones muy diferentes- y acabó dejando la universidad. “Cuando descubrí cómo funcionaba el diseño como disciplina me pareció mucho más interesante que lo que yo entendía que era, que una persona tiene la idea y ya está. Me gusta este proceso que tiene su parte creativa pero también toda la de lógica, pensar en cosas que tiene que utilizar la gente, si les parece confuso, cómo plantear las ideas… Tiene que haber algo en la disciplina que te guste también mucho”, afirma. Su entrega hacia los videojuegos es tal que tiene cerca de 60 juegos publicados en Itch.io.

Ludipe, el videojuego desde la perspectiva más personal

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