'After: Almas perdidas', softcore para consumo adolescente que sube el voltaje sexual de sus anteriores entregas pero renuncia a su autoironía

La literatura de Anna E. Todd es un fenómeno de nuestro tiempo. La escritora comenzó a publicar la saga ‘After‘ en la plataforma Wattpad, y tal fue su éxito inicial que Gallery Books y más tarde Simon & Schuster adquirió sus derechos. El éxito de los libros se extendió a varios países y a diversos lenguajes. El target de la saga era principalmente femenino y en su historia central se mezclaba romance y erotismo.

Como ‘50 sombras de Grey‘ de E.L. James, ‘After’ indagaba en el estereotipo del chico malo, engreído e intenso, y una mujer enamorada de él que hace lo posible por cambiarlo y, en cierta medida, redimirlo. Y de ahí, como en todo culebrón juvenil de resonancias claramente machistas, más que misóginas, surge un conflicto estirado cual chicle que da para varias entregas.

Las adaptaciones: porno para chicas, sexo y adolescentes

Al igual que con la novela de James, en 2019 nos llega la primera adaptación cinematográfica de la saga de ‘After’, una hábil síntesis entre la sexploitation y el chick flick, dirigido e interpretado de manera correcta y con más romance y drama que sexo. No, no es tan divertida como la primera entrega de ’50 sombras de Grey’, pero tampoco tan aburrida como muchos de los productos románticos que hoy sirven de relleno para las plataformas.

La secuela de 2020, dirigida por el añorado Roger Kumble, autor de clásicos modernos como ‘Desmadre sobre ruedas’, ‘La cosa más dulce’ y, sobre todo, la saga ‘Crueles intenciones’, acentuaría sus componentes trash y autoparódicos, demostrando que su director seguía dominando el mundo irónico y cruel de los adolescentes. Desde luego fue un giro gratificante dentro de la saga, pero asimismo era lógico que los imperativos del mercado impedirían que su tono cachondo, irónico y algo destroyer se convirtiera en canon.

‘After 3’: adiós al trash, saludos al kitsch

After: almas perdidas‘ es la consecuencia directa a toda la diversión que nos brindó la segunda entrega. Desterrado Kumble, Castelle Landon se ocupa de las tareas de dirección. Los protagonistas, Josephine Langford y Hero Fiennes-Tiffin están algo más hostiables de lo habitual, pero no por su culpa (no son ni buenos ni malos actores, sino meras presencias más o menos carismáticas) y el tono general es más “oscuro” e intenso. Es decir, hay menos diversión y la autoparodia, que sigue latiendo bajo cada secuencia, en esta ocasión es involuntaria.

‘After: almas perdidas’ comete el error de tomarse demasiado en serio, siguiendo las pautas de todo viaje que parte del trash para acabar en el kitsch (un error que busca ser exactamente lo que es, una mera sombra del arte o el drama verdadero, o una explotación del mismo conscientemente burda), lo que no impide que en el futuro pueda llegar a alcanzar un status de culto. Hoy es una película simplemente rutinaria.

Otro factor negativo es que, ‘After 3’, al contrario de sus entregas anteriores, no cuenta nada realmente importante. Es, más bien, una especie de película puente, que anticipa los acontecimientos de la próxima entrega, al parecer rodada a la vez, como ocurría en sagas como ‘Los juegos del hambre’, ‘Crepúsculo’ o ‘Harry Potter’. Eso sí, hay un considerable aumento del voltaje sexual, que ha hecho que en España sea calificada como +16 en lugar del habitual +12.

La historia queda, entonces, como una sucesión de diálogos tontunos y escenas de sexo preciosistas y cool, aunque tampoco especialmente carnales y desde luego tampoco calientes. La ausencia en esta entrega de la excelente Selma Blair, que fuera musa de Kumble, queda compensada por el retorno al cine mainstream de Mira Sorvino, y, especialmente, por la tórrida presencia de Arielle Kebbel, estrella de películas como ‘Todos contra él’ o ‘American pie: Band Camp’, ahora más talludita pero igual de hechizante.

Estas y otras cosas hacen que ‘After: Almas perdidas’ sea un subproducto pseudoerótico para consumo mayoritariamente femenino y teenager, pero asimismo un aceptable pasarratos, al menos para fans de los géneros malditos. Hace unas décadas habría ocupado un lugar de honor en nuestro videoclub favorito, o sería una de esas cintas eternamente alquiladas y manoseadas, las más de las veces por motivos no precisamente artísticos.

After 3


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‘After: Almas perdidas’, softcore para consumo adolescente que sube el voltaje sexual de sus anteriores entregas pero renuncia a su autoironía

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Espinof

por
Pablo Vázquez

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