'Breve encuentro': obra maestra de David Lean que captura la magia de un amor imposible, con una elegancia y una belleza insuperables

En 1945, David Lean estrenaba ‘Breve encuentro‘ (‘Brief Encounter’, disponible en Filmin), una adaptación cinematográfica de la obra teatral de un sólo acto ‘Still Life’ de Noël Coward. Aunque se pensó que la película no tenía lo necesario para considerarse “comercial”, lo cierto es que fue todo un éxito de taquilla tanto en Reino Unido como en Estados Unidos.

Nominada a tres Oscar (mejor direccción, mejor actriz protagonista y mejor guión adaptado), en 1952, ‘Breve encuentro’ fue incluida en las listas de las 10 mejores películas de la historia y desde 1999, se encuentra en el número 2 de las 100 Mejores Películas Británicas del British Film Institute.

No es para menos. ‘Breve encuentro’ es una de las películas más bellas de la historia del cine. Firmada con una delicadeza apabullante y plagada de metáforas visuales, es sólo una de las tantas obras maestras del maestro británico, pero sin duda, es una de las más delicadas y predilectas para la que escribe.

“No sabía que a alguien corriente pudiera pasarle algo tan intenso.”

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Una cafetería de la estación de tren de una pequeña ciudad británica. El jefe de estación coquetea animadamente con la dueña del local. En una mesa apartada de la barra, Alec y Laura se observan en silencio mientras remueven sus tazas de té.

El silencio se ve interrumpido por una mujer que habla sin parar, conocida de Laura. Las presentaciones correspondientes. La amabilidad de Alec al pedirle un té. La verborrea de la amiga continúa. El aviso de la llegada de un tren. “Ese es tu tren”, dice Laura. “Sí, debo irme”, dice Alec.

Alec, ya de pie, posa su mano sobre el hombro de Laura antes de salir por la puerta. La expresión grave de ella, nos hace pensar que es su gesto desesperado, sutil (y moralmente aceptable), por tocarla por última vez. Pero eso no lo sabemos todavía.



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Este es el principio de ‘Breve encuentro’. Un principio que también es el final inevitable de un amor imposible. Un amor imposible como sólo puede serlo en las películas o en la literatura. Y que probablemente, sea una de las películas más bellas y dolorosas sobre el amor y que mejor ha descrito el misterioso fenómeno del enamoramiento.



“Todo empezó en un día corriente, en un lugar corriente, el café de la estación de Milford…”

Después de la fría despedida, Laura regresa a su casa enferma, desorientada. Y es a partir de aquí, a modo de flashback, cuando David Lean decide contarnos su historia de la misma forma en la que ella se imagina confesándole a su amante esposo, mientras sus hijos ya duermen plácidamente, que sin saber muy bien cómo se ha enamorado de un desconocido.

Las palabras de Laura, acompañadas de la expresiva y enorme mirada de Celia Johnson, la actriz que la interpreta brillantemente, nos convierten en testigos del nacimiento de este amor que nace como todos los amores: de la manera más inesperada y en el momento más banal y rutinario del día.

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La velocidad de un tren que levanta el polvo de la estación. Una pequeña y molesta mota de polvo entre en el ojo de Laura, que entra en la cafetería en busca de una rápida solución a tan cotidiano incordio. Alec, médico que espera su tren frente a un café, y movido por el código deontológico, socorre a la pobre Laura.

Un gesto altruista, un breve contacto físico entre médico y paciente. El aleteo de mariposa que terminará en tormenta.

Tras esa inocente mota de polvo, sus encuentros serán primero casuales e inocentes, después concertados y ya no tan inocentes. Presenciamos con una delicadeza inusual las tardes de cine, compartir platos en restaurantes y paseos por el campo, el complejo e inexplicable proceso del enamoramiento. 



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Como espectadores, David Lean nos permite saber algo que sus personajes luchan por contener, hasta que la revelación es inevitable y el soberbio in crescendo de Concierto para Piano 2 de Rachmaninov funciona como una dolorosa bofetada de autodescubrimiento: “De pronto, parece mucho más joven”, acierta a decir Laura mientras escucha sin pestañear a Alec hablando de su profesión.

“No hay nada que dure siempre, ni la felicidad ni la tristeza, ni siquiera la vida dura mucho tiempo.”

Lean se basta de una fotografía en blanco y negro sobria y elegante y un inteligentísimo puñado de metáforas visuales que tienen que ver con el tiempo, la velocidad y la fugacidad de la vida, para hacernos entender que lo que ha surgido entre Alec y Laura es tan genuino y único que, está irremediablemente condenado a no ser.

Todo en ‘Breve encuentro’ es contención. David Lean no necesita de grandes artificios, ni de melodrama, ni de interpretaciones estridentes entre llantos y gritos. Ni siquiera de abrazos apasionados y encuentros físicos. Apenas hay un beso furtivo en el refugio de la oscuridad de un túnel de la estación, amortiguado por los traqueteos del tren.

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La idea de un posible encuentro sexual, produce tanta culpabilidad a Laura y Alec que ni siquiera se verbaliza. Todo se sugiere, hasta lo que supondría suponer para ambos que ese encuentro sexual y sus respectivas vidas si se materializara. La culpa es demasiado grande, la vergüenza en la sociedad de la época, abrumadora.

Lo más asombroso de la obra de Coward, y que Lean sabe plasmar tan bien en imágenes, es que no busca justificación al enamoramiento. Simplemente pasa. Alex y Laura son tremendamente felices en sus respectivos matrimonios. Por eso, quizás, su romance les sacude y expulsa de su vida rutinaria de forma tan violenta.

Las manillas del reloj de la estación de tren parecen ir en contra de este romance, destinado a terminar. Ninguno de los dos quiere arriesgar sus matrimonios, ni hacer daño a sus familias, aunque eso signifique el fin de esa felicidad repentina y contradictoria. Por suerte, la belleza y delicadeza de ‘Breve encuentro’ no terminará nunca, como pasa con todas las grandes películas.


La noticia

‘Breve encuentro’: obra maestra de David Lean que captura la magia de un amor imposible, con una elegancia y una belleza insuperables

fue publicada originalmente en

Espinof

por
Juan Luis Caviaro

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