Ha demostrado su gusto por el detalle en dos míticas compañías españolas como Dinamic Multimedia y FX Interactive y, ahora, en Raiser Games.

Por las manos de Pablo de la Nuez han pasado muchos de los juegos más recordados de las últimas décadas, más de 200. El se encargó de las ediciones de Tzar, Imperium y buena parte de los juegos de FX Interactive y actualmente es director de la editora Raiser Games, del grupo Webedia, pero su historia con los videojuegos comenzó mucho antes, cuando era niño y, curiosamente, este acercamiento no vino de la mano de una consola o un microordenador, sino de una calculadora programable “en la que metías unos programitas y había uno en el que decidías cuánto gastabas de combustible para llevar una nave a la Luna y aterrizarla sin estrellarte. Metías números y la calculadora te decía cuántos metros te quedaban y la velocidad a la que ibas y al final indicaba si habías aterrizado o te habías estrellado”, recuerda De la Nuez al principio de la entrevista por Zoom.

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Después llegaron las recreativas, “a las que dediqué mucho tiempo y monedas”, nos cuenta, y las máquinas clónicas que se compraban en bazares y decomisos, “recuerdo el Space Invaders, que era blanca. Un día fui a Warner y la tenían en una vitrina, me hizo una ilusión tremenda. A mi padre le gustaban mucho los ordenadores, siempre tenía el último que había salido y trajo a casa un ZX80, que no hacía prácticamente nada, y luego el ZX81, que ya podías hacer algo con las casetes. Me animé, empecé a programar cosas, estaban ya las revistas de Hobby Press. Me fascinaba lo que se podía hacer”. El siguiente en entrar en su casa fue un Texas Instrument “y ahí me hice un jueguito de fútbol que era, básicamente, con estadísticas de los equipos, los jugadores… pero era muy mal programando pero me fascinaba que se pudieran crear cosas con los ordenadores”, afirma De la Nuez.

Estudiar una carrera más tradicional

“Luego me hice muy, muy fan de los PC Fútbol, de todos los juegos de Dinamic, ahí ya comencé a ahorrar para comprarme los juegos, un ordenador mejor…” prosigue diciendo, pero más aún le atraían las películas, que fue lo que estudió, además de Derecho porque sus padres consideraban que tenía que tener una carrera más tradicional. “Llegué a la primera clase, hacía calor porque era turno de tarde, era de Derecho Natural y llegó un señor y dijo ‘el Derecho no tiene nada que ver con la justicia’ y a partir de ese momento hubo una desconexión absoluta entre la carrera y yo, aunque luego tengo que reconocer que me ha venido bien” lo aprendido, concede De la Nuez.

Durante un tiempo estuvo intentando hacerse un hueco como guionista en la industria cinematográfica, pese a que a su familia no le gustaba mucho el mundo del cine. Todo dio un giro cuando el entrevistado se enteró de que una de sus hermanas era amiga de Víctor Ruiz, uno de los fundadores de Dinamic Software, “le conocí y era el adolescente que iba persiguiendo a Víctor cada vez que salía con mi hermana o si nos lo encontrábamos de viaje diciendo ‘por favor, quiero trabajar en videojuegos’”, dice. A sus padres les convenció más la idea de que se centrara en esta faceta de la tecnología “porque no pensaban en videojuegos, pensaban en informática y les parecía que dedicarse a los ordenadores era mejor que a dedicarse a las películas”, explica De la Nuez, que empezó a dar clases de Informática en la Universidad Autónoma de Madrid. Aprendió Unix en una academia cercana a su casa y, como le vieron con interés y conocimientos, se quedó de profesor.

Pablo de la Nuez, el editor que gestionó Tzar y logró que los juegos estuviesen en español

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