He vuelto a Magic 20 años después de tener una carta en mis manos, y está siendo un retorno mucho más especial de lo que esperaba

Como el que sufre una crisis de edad y decide comprarse una moto, distintos acontecimientos de los últimos meses me han llevado a intentar recuperar un poco de esa juventud que se escapa año tras año. Revisar viejas películas, volver a patinar, recuperar contactos perdidos y, entre todo ello, también volver a Magic: The Gathering.

La cosa viene de hace algunas semanas, cuando una antigua ex me escribía con uno de esos mensajes que no ves venir. Decía que en su última mudanza había encontrado algo que me haría mucha ilusión y, entre mi infinita curiosidad y mi irremediable impaciencia, no tardé en acercarme para comprobar de qué se trataba.

Magic

El misterio duró lo que tardé en ver lo que tenía en las manos. Pese a pasar años sin verla -o siquiera recordarla-, habría reconocido aquella cajita en cualquier lugar. Uno de esos trozos de madera que habían pasado más tiempo actuando como el cofre del tesoro de un niño que como el objetivo para el que fue concebido -el envoltorio de alguna cartera de piel regalada en su día a mi padre-.

No sabría decir en qué momento llegó a mis manos o qué hubo antaño en ella, pero no necesitaba abrirla para saber qué había estado escondido en su interior durante más de dos décadas. Entre lo palpable habría ángeles, los míticos pollos y mercenarios, muchos mercenarios. Entre lo etéreo, una colección de recuerdos de esos que se vanaglorian de tener la misma eficacia para dibujar sonrisas que lágrimas.

Una caja llena de magia

Es impresionante cómo algunas cosas se quedan escondidas en tu cabeza sin hacer demasiado ruido hasta que la vida toca las notas adecuadas. Me faltarían manos y pies para contar las veces que he escuchado o leído el nombre de Magic: The Gathering, pero de alguna forma esa chispa de nostalgia y explosión de recuerdos que llevaban encerrados más de 20 años sólo se dispararon al ver aquella caja.

Aún más curioso es que, en realidad, yo nunca fuese un gran fan del juego de Wizards of the Coast. Te diré más, aquellas cartas ni siquiera eran mías. Fueron el regalo de uno de esos amigos que lamentablemente se pierden por el camino. El genio de todo lo molable en aquella época que me enseñó a patinar y luchó con sangre, sudor y lágrimas para introducirme en otro de sus hobbies preferidos, las cartas de Magic.

Atrapado en uno de esos momentos -ahora avergonzantes- en los que la testosterona tiraba más que los amigos, su último intento a la desesperada fue regalarme los mazos que él ya no utilizaba para que aprendiese a jugar y, con un poco de suerte, acabase igual de enganchado que él.

Cuarto

En esta tienda gasté bastante más dinero del que me gustaría reconocer.

No hubo suerte y, aunque me consta que él creció lo suficiente como jugador de Magic -hasta alcanzar torneos mundiales en el extranjero-, mi último recuerdo de una partida completa pertenece a la mesa del típico establecimiento de barrio de los 90. Uno de esos locales de los que puedes adivinar su olor aunque no lo hayas pisado nunca, donde íbamos en busca de cómics y frikadas en las que gastarnos nuestra paga semanal.

Cómo viajar al pasado: paso 1

En uno de esos giros del destino que nos hacen creer en él hasta a quienes en todos lados sólo vemos meras casualidades, hace unos días Alex -director de esta santa página y amigo de los que espero no se lleve el viento- me habló de la posibilidad de hablar de Magic desde la óptica de quien empieza de cero.

Francamente, me pareció algo demasiado fortuito como para dejarlo escapar, pero le dije que, si lo hacía, quería que fuese algo especial. Quería ir atrás en el tiempo, intentar recuperar todo lo que perdí de una forma u otra en aquella época, y compartirlo con quienes estén dispuestos a seguirlo semana tras semana.

Magic

Pocas cosas más bonitas que el arte de una carta de Magic.

Volver a aquellas partidas, pisar de nuevo aquella tienda, enseñar a jugar a mis hijos, reencontrarme con aquél amigo, aprender a jugar al nivel que él alcanzó, hablar de nuestro pasado y ponernos al día de nuestro presente con unas cartas de Magic como excusa. Volver a una de esas épocas que sólo una enfermedad sería capaz de borrar, y retomar aquellos caminos justo donde los dejé.

Cada miércoles a la misma hora -entre otras sorpresas que están en camino- os abriré las puertas a un pedacito de mi ayer y os contaré cómo me está yendo eso de convertirme en un buen jugador de Magic. Para poder hacer frente a aquél amigo y a quien se ponga por delante (se admiten ayudas y consejos).

Este que encontráis aquí es, a grandes rasgos, el primer paso en esa larga y divertida andadura.

Magic: El Reencuentro

Encandilado con el arte de cada una de las cartas, y esbozando una sonrisa cada vez que paso por una de las que me gustaba especialmente en el pasado, no puedo evitar tener la sensación de que recordaba las cartas de Magic mucho más grandes. Ahora parecen pequeñísimas en mis manos.

Mano

Las cartas maltratadas que harán llorar a los coleccionistas.

Conforme las voy pasando mi cabeza empieza a asimilar conceptos. No porque recuerde cómo se jugaba -a duras penas sabría decirte cómo funcionaba el mazo de mercenarios, sólo que me gustaba tener decenas de bichos en la mesa-, sino por lo que he ido rascando de otros juegos de cartas durante los últimos años.

Me vuelve a la mente la idea de bajar tierras y golpear girando las criaturas, pero sería incapaz de recordar cómo se formaba un mazo, cuántas cartas de maná son las adecuadas o qué equilibrio entre bichos y hechizos debería seguir.

Interceptar, mareo de invocación, dañar primero, arrollar, bloquear… Conceptos que, o recuerdo vagamente o puedo presuponer qué efecto tienen, pero que difícilmente sabría cómo poner en práctica en este momento. Tengo que ponerme las pilas.

Angelserra

Es la hora de reaprender

Uno piensa que, por recordar haber ganado alguna partida, y creo que la última que jugué fue una en la que mi amigo probablemente me dejó ganar -como buen trol me retiré del juego en ese momento-, esto va a ser más fácil de lo que realmente es.

Pero está claro que ir de listo no va a solucionar nada y que, si realmente quiero volver a jugar en serio, toca empezar de cero. Por suerte sé perfectamente dónde buscar, así que entre los archivos de Magic y YouTube empiezo a asimilar conceptos cómo qué color utilizar, y refresco los fundamentos para aprender a jugar.

Siete cartas, 20 vidas -yo habría dicho 30-, robar antes de jugar una carta, girar el maná para utilizarlo -en esa también habría caído-, bloquear sin girar para evitar daño… En poco más de cinco minutos ya sé cómo funciona la cosa y lo único que me asusta un poco es hasta qué punto habrán cambiado los poderes de las cartas con el paso del tiempo.

Sólo hay una forma de averiguarlo, así que vuelvo a la web y descargo MTG Arena para intentar comprender qué me he perdido y jugar mis primeras partidas. De entrada las nuevas cartas me parecen preciosas, ahora queda por ver qué tal se nos da esto. En siete días os cuento.

Esta es una iniciativa en colaboración con Wizards of the Coast.


La noticia

He vuelto a Magic 20 años después de tener una carta en mis manos, y está siendo un retorno mucho más especial de lo que esperaba

fue publicada originalmente en

Vida Extra

por
R. Márquez

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