La falta de originalidad planea sobre el arte del cine en los últimos tiempos. Remakes, secuelas, y reinicios de franquicias conforman la tónica dominante del presente, dejando a las películas de premisa innovadora casi como un oasis en el desierto. Cuando hay sequía imaginativa, quizá una buena idea sea mirar a la realidad y especialmente a cómo esta se ha integrado en el progreso tecnológico. Ahí surgen propuestas sugerentes y vanguardistas como la de retratar a la generación millenial, que ahora tiene como referente a la figura del influencer, un personaje que opera como si fuese uno de los dueños del mercado social.

Si la idea de una película sobre que los influencers son almas solitarias con un veto a la compañía casi inherente a su figura, la propia película debería poner más de su parte. Eso le falta a ‘Sweat’, la última película del director sueco Magnus Von Horn, una historia que erosiona la roca de la soledad sin llegar a picar hondo. La historia sigue a la fitness coach Sylwia Zając, una celebridad en las redes sociales que se rodea de popularidad y fidelidad, pero que persigue una intimidad que parece haberle sido prohibida como si sufriese una maldición por ser famosa.

Von Horn, en su segunda película como cineasta, avanza con cierta flaqueza en cimentar su personal universo cinematográfico sobre la incomprensión humana, ya que esta no es la única cinta que cuenta con una temática similar. Su ópera prima, ‘The Here After’ (película que también llegó en 2015 al Festival de Cine de Sevilla, tal y como esta ‘Sweat’), se fundía más en el thriller de atmósfera y conseguía cierta solvencia. Aquí la premisa se ahoga en un drama bastante insípido que juzga las decisiones de la protagonista con turbio atrevimiento.

La actriz principal, Magdalena Kolesnik, supera el estereotipo de mujer atractiva y en forma, y consigue profundizar en las grietas emocionales de su personaje, especialmente en una escena final muy catártica que resulta en una purificación narrativa en su interpretación. ‘Sweat’ tiene la originalidad plausible que Europa está siempre dispuesta a brindarle al cine, pero falla en el desarrollo y en la construcción de la historia. Eso sí, una película que empieza con The Look de Roxette nunca podrá suspenderse. Ojalá el relato hubiese seguido el estilo de ‘Eighth Grade’ de Bo Burnham, que siendo indie conseguía ser mucho más convincente y percutora.

By

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *